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La evolución de los disfraces de Carnaval

La celebración del carnaval ha sufrido importantes cambios con el paso del tiempo. Te contamos en este artículo cuáles son los más sigificativos.

02/09/2018

Una nota del Guardian de Trinidad y Tobago destaca que el carnaval siempre ha sido de color: lentejuelas llamativas, telas suntuosas e ingenio. Hay una razón por la cual el Carnaval de Trinidad ha engendrado varios niños en todo el mundo y es conocido como el mejor espectáculo del mundo.

Pero durante años se ha debatido sobre este espectáculo y si ha estado perdiendo valor debido a las nuevas tendencias en el vestuario. Esto se debe principalmente a las importaciones de material provenientes de países con mano de obra barata para abaratar costos, lo que genera, al menos en este país, una regresión en lo que respecta a la calidad de los disfraces.

La historia de la moda del Carnaval de Río

Todos asociamos el Carnaval de Río de Janeiro con pequeños bikinis cubiertos de destellos, pero ¿siempre fue así? La tradición del carnaval fue presentada por primera vez por los portugueses: en la década de 1850, las personalidades lo usaban como una forma de vestirse con máscaras y disfraces y desfilar por la ciudad entre los plebeyos, según explica un artículo de ABC News.

Cronología de la vestimenta

    • Antes de la década de 1930, los trajes eran realmente elaborados, pero debido a que el precio de los materiales subió, las máscaras y ornamentos comenzaron a disminuir en aquella década. Lo que las personas lograban pagar generalmente se fabricaba en colores claros para combatir el calor del verano. Dos años más tarde, en 1932, se realizó el primer desfile oficial en Río de Janeiro.
    • Lentamente, los trajes comenzaron a escasear. Los hombres comenzaron a ir con el torso desnudo y las mujeres comenzaron a usar trajes más ligeros, hasta que finalmente adoptaron bikinis de dos piezas.
    • En 1970 se construyó el sambódromo, un área de desfiles, y se lo designó oficialmente como el escenario de la fiesta principal de Carnaval. Otras fiestas y desfiles, también conocidos como ‘blocos’, tienen lugar en las calles de Río de Janeiro, pero ninguno se compara en magnitud con lo que sucede en el sambódromo. Fue durante este período que las escuelas de samba se organizaron y se convirtieron en la industria sofisticada que son hoy en día. Esa industria sin duda ayudó a determinar la cantidad de dinero y la ornamentación de muchos disfraces.
    • Los ochenta fueron “Los 80” en todo el mundo. Los disfraces de Río eran grandes, coloridos y llenos de brillo. Esta década también marcó el cambio de dirección del sambódromo a donde se encuentra ahora, en Av. Márquez de Sapucai. En 1984, el desfile también se dividió en dos días para que los asistentes a la fiesta pudieran seguir el ritmo de la danza de la samba. Incluso hoy, el Carnaval se lleva a cabo los domingos y los lunes.
    • La ostentación y el glamour no son solo para mujeres. En este momento dela historia del carnaval, se hizo abiertamente aceptable que los hombres se vistieran como quisieran, y eso incluía el vestirse solo por diversión.
    • Hoy, los asistentes al Carnaval no se sorprenden al ver pechos desnudos y tangas minúsculas en hermosas mujeres bailando. Pero alguien tuvo que hacerlo primero. En este punto, desaparecieron las máscaras y los trajes de colores claros que se llevaban en el desfile. Fueron reemplazados por pintura corporal y fundas de metal tipo braga, entre otros elementos.
    • Aunque los disfraces se han vuelto cada vez más pequeños y reveladores con cada década, todavía existe una regla contra la desnudez completa. Aquellos que no la cumplen (lo cual sucede) tienen problemas en su escuela de samba y hasta pueden ser descalificados.

Los disfraces del carnaval de Cádiz

La agrupación que llevaba a cabo allá por el 1896 este famosísimo festejo se llamaba “Los claveles”. “Aquello tuvo que ser un impacto muy fuerte en la época, ver a catorce hombres como trinquetes vestidos de flor”, indica la periodista Ana Barceló en el periódico La Vanguardia.

Luego, con la llegada de la Guerra Civil y la supresión del Carnaval hasta los años 50, cuando España estaba inmersa en una crisis económica muy grande, los encajes y polisones que antes vestían dejaron paso a disfraces mucho más modestos, fundamentalmente de gremios, que se confeccionaban con lo que la gente encontraba por casa.

“Iban vestidos de alpargata, faja y vaina y monos de astilleros”, asegura Barceló en la publicación mencionada. Ya en los 70, volvió el color a los disfraces y comenzó la purpurina y el raso. Y de ahí se evolucionó hasta hoy en día, cuando las agrupaciones que participan en el Concurso de Agrupaciones Carnavalescas de Cádiz destinaron un abultado presupuesto para que su disfraz sea un elemento más para conquistar al público y al jurado.

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