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Emprender de a dos: la mujer que apostó a la bodega propia junto a su marido

Desde Italia, donde vive hace 14 años, Belén Soler Valle es la encargada de liderar la bodega Vinos de Potrero con el futbolista Nicolás Burdisso. El desafío de salir juntos a la cancha.

06/29/2018

Belén Soler Valle (41) es madre de dos hijos, licenciada en Comunicación Social, fotógrafa y está terminando la carrera de sommeliere en Italia, donde vive hace 14 años. Trotamundos y multifacética, está casada con el futbolista Nicolás Burdisso y juntos decidieron apostar a un nuevo proyecto familiar: la bodega Vinos de Potrero, en Mendoza. Además, entre sus proyectos también está comenzar un Máster en Viticultura y Marketing del Vino para poder perfeccionar su labor en la empresa.

Pero, ¿Cómo es emprender junto a una pareja? “Los viñedos son una pasión que nos une a los dos de otra manera, como pareja y como familia. Es un proyecto nuevo que estamos realizando de a poco y muy cuidado, así que es una pasión que se comparte y que es muy fuerte“, afirma Belén, durante una de las tantas visitas que realiza a Argentina para monitorear el funcionamiento de la bodega.

Según explica, este proyecto en conjunto los está llevando a otro plano como pareja: “Compartir un emprendimiento es algo que nos hace muy bien. No me imaginaba en este mundo, siempre me imaginé trabajando de comunicadora social, porque es lo que me gusta, pero no con el mundo de los vinos”.

Aunque se recibió de muy joven de Licenciada en Comunicación Social, siempre se dedicó a sus hijos: “Pero ahora la más chiquita tiene 10 y la más grande tiene 15, así que ya son bastante independientes. Yo siento que es muy lindo que ellos vean que su mamá tiene una pasión y sigue un proyecto que aparte es un proyecto familiar en el que ellos siempre están involucrados”.

Hoy, además de su pasión por la fotografía, traslada su experiencia como Comunicadora Social a la bodega: “Es un rol que llevo en la empresa y, al ser manager de la misma, mi parte preferida es la de comunicar nuestros vinos y relacionarme con la gente de esta industria. Para mí es un gran placer porque me encanta dar a conocer nuestro producto en Argentina y también en el resto del mundo”.

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¿Qué te llevó a estudiar la carrera de Sommelier? ¿Sentías que era un plus necesario profesionalizar tu pasión?

En realidad fue por la pasión por el vino. Antes de comenzar este proyecto, desde que empezamos a vivir en Europa empezamos a interesarnos en el mundo de la comida y del vino y recorrimos cantinas (como se le dice en Italia a las bodegas) con mi marido en sus ratos libres. Y la verdad es que poco a poco nos fuimos enamorando de este mundo, de la tradición italiana de cómo lo transmitieron los bisabuelos a los abuelos, a los nietos, de generación en generación. Todo esto me fue apasionando y por eso decidí hacer la carrera de sommelier porque me iba a dar mucho más conocimiento.

Una vez que abrís la puerta al mundo del vino no podés dejar de conocer y sorprenderte. Es un mundo infinito que quiero recorrer por completo

¿Cómo es liderar una bodega a la distancia? ¿Es muy difícil llevar adelante un proyecto propio de este tamaño?

Hoy en día con las redes sociales, internet y todos los medios de comunicación que hay, se acortaron muchísimo las distancias. Por suerte, tanto en Buenos Aires como en Mendoza, tengo un grupo de gente que trabaja nosotros a la par y que está enamorada del proyecto. Desde mi hermana Majo, que es mis ojos en Argentina, hasta nuestro enólogo, Bernardo Bossi Bonilla, en quien confío ciegamente y plenamente. Cada vez que puedo viajo a Buenos Aires y a Mendoza para ir a ver mi finca, hacer reuniones con la prensa, con los clientes y con el equipo de la bodega. Vengo a ver la elaboración de nuestros vinos, así que para mí es todo un plan divertido y entretenido y creo que cuando encontrás la gente justa es muy fácil trabajar.

¿Sufriste algún prejuicio por ser la “mujer de”? ¿Cuáles sentís que son las pros y las contras de esto?

No por el contrario, jamás. Soy una mujer muy autónoma y siempre tuve mi vida aparte del trabajo de él. Nico tiene su trabajo y lo admiro muchísimo como profesional, como padre y como persona. Yo tengo una vida muy linda, soy Comunicadora Social, trabajo para eso y siempre me dediqué mucho a mis hijos, a disfrutarlo, porque tuve la posibilidad de estar al lado de ellos, de verlos crecer poder acompañarlos en la escuela y agradezco esta posibilidad que no todos la tienen. Hoy puedo mirar atrás y estar feliz de haber compartido todo el tiempo que pude con ellos. Nunca sufrí ningún prejuicio, por el contrario siempre estuve muy orgullosa de ser su mujer, pero jamás lo utilice como una carta de presentación. Yo siempre fui Belén Soler Valle, y nunca fui “la mujer De”, así que la verdad es que siempre fue un elogio tener de compañero y de marido a Nicolás.

¿Cómo sentiste el cambiar los estadios por los viñedos? ¿Fue difícil “salir a la cancha”?

Los estadios por los viñedos no los he cambiado todavía, los comparto. Siempre he acompañado a mi marido y lo seguiré acompañando. En el 2008, cuando compramos las fincas, se empezaba a perfilar el tema pero cuando decidimos hacer esto la verdad que lo decidimos con mucha cautela y cuando estuvimos de acuerdo nos pusimos firmes en la decisión de hacerlo bien. Salir a la cancha fue todo un desafío por supuesto y presentarnos como una nueva bodega fue también todo un impacto para nosotros, pero siempre positivo. Y esto es lo lindo que tiene la vida: te sorprende y uno puede sorprenderse a sí mismo.

Periodista especializada en LifeStyle y Gastronomía. Escribe en diferentes medios gráficos y digitales. #Foodie. En redes: @gcarpineta

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