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Amores de verano: una historia que fue de la playa al altar

La relación de María Eugenia y Ezequiel traspasó las fronteras de las vacaciones en Brasil y este año darán el sí. Una historia de amor que abre un interrogante: ¿Las casualidades realmente existen?

01/18/2018

Aunque hay quienes dicen que los “amores de mar nunca llegan al altar”, María Eugenia (32) y Ezequiel (33) rompieron con esas estadísticas populares y el 23 de noviembre de este año darán el sí. Sin embargo, su historia comenzó hace 12 años, entre ilusiones, idas y vueltas y un sinfín de “casualidades”.

La historia inició en el asfalto porteño, muy lejos de la playa. “Nos conocimos en octubre de 2006 cuando una amiga y su novio organizaron una previa en su casa. Estábamos un grupo de amigas y el grupo de amigos del novio de mi amiga”, recuerda María Eugenia.

“Nosotras ya teníamos organizado un viaje a Praia Do Rosa, Brasil, para enero. Pero esa noche uno de los chicos se me acerca y me dice ‘¿ustedes se van a Praia de vacaciones? Nosotros también; ¿No le pasas más data a mi amigo?’ Y me señala a un chico llamado Eze”. Después de intercambiar mails, hablaron un par de minutos más y cada uno siguió en la suya.

Pero a los días, cuando empezaron a chatear por el viaje, se dieron cuenta de que se iban el mismo día, en el mismo micro y pararían en la misma posada: “Le pasé un par de datos y después hablamos bastante tiempo de la vida, nos cruzamos en algún pre más, hasta que llegó el 2 de enero que partíamos a Brasil”.

Cuando empezaron a chatear, se dieron cuenta de que se iban el mismo día, en el mismo micro y a la misma posada

En el micro, el azar también sumó su granito de arena: ellas estaban ubicadas en los asientos de atrás y ellos en el medio. “Intercambiamos algunas palabras en las paradas de descanso y charlamos algo mientras estábamos en el micro porque era un viaje interminable. Cuando llegamos, fuimos todos juntos en dos autos a la posada. Ellos estaban en la cabañitas de al lado nuestro”.

Según recuerda María Eugenia, durante el día “cada uno hacia la suya”, pero a la noche a veces se juntaban a charlar, a tomar algo durante la previa y después cada uno salía con sus amigos. Pero una noche, charlando en la baranda que dividía una cabaña de la otra, Ezequiel se animó a dar el primer paso… fallido: “Yo estaba hablando con él y medio que se me tira para darme un beso, a lo que le dije ‘esperá, esperá, ¿qué estás haciendo? Me miró, me pidió disculpas y me dijo que creía que estaba todo bien pero que no pasaba nada”.

Después de esa situación incómoda, hablaron un rato más y cada uno se fue con sus amigos. A la noche siguiente, ellos se fueron a una de las cabañas que estaban un poco más lejos dentro del mismo complejo: “Esa noche casi que no nos dimos bola hasta que después de dos caipis, perdí un poco la vergüenza encaré con una amiga y fuimos a charlar con ellos en su cabaña. Charla va, charla viene, en un momento él se queda solo dentro de la cabaña, yo voy a darle un poco de charla y finalmente cerramos la charla con un beso”.

Durante el resto de las vacaciones, se cruzaban durante el día pero cada uno estaba con sus amigos y se juntaban a la noche. Cuando llegó el día de volver a Buenos Aires, se despidieron sin saber qué iba a pasar en la Ciudad.

DE BRASIL A LA COSTA ARGENTINA
“A los días que llegué de Brasil me fui unos días a Mar del Plata y cuando estaba en la playa me llama Eze, que estaba en Pinamar, para preguntarme cómo estaba, en qué andaba. Esa llamada me pareció rara y no entendía nada. Cuando nos vimos en Buenos Aires le dije que él me caía súper bien, pero que no quería nada y que sólo me interesaba como amigo”.

Un mes después, María Eugenia se fue a San Francisco: “No sé si fue la distancia o qué pero sentía que lo que le había dicho no era lo que realmente quería, entonces me conecté al Messenger y le dije que cuando estuviera en Buenos Aires necesitaba hablar con él”.

Ya en Buenos Aires, se juntaron ambos grupos de amigos, pero no fue tan fácil: “Él estaba bastante cortante y no me daba mucha bola, asi que la tuve que remar un poco y le dije que lo que le había dicho no era lo que quería, y que tenía ganas de darnos una oportunidad y conocernos más….Después de eso empezamos a salir los dos solos hasta que el 12 de mayo del 2007 nos pusimos de novios”.

Después de todas esas idas y vueltas nunca se separaron. En 2017, en un viaje a la India para conocer el Taj Mahal, el lugar soñado de María Eugenia, Ezequiel le propuso casamiento: “No me lo esperaba porque hacía 10 años que estábamos juntos, convivíamos hacía 5 y ya estaban las cosas casi dadas. Pero esperó a ese día y me preguntó ‘¿Te querés casar conmigo?’. No sé qué cara puse, pero él me dijo que abrí los ojos como nunca. Se la re jugó y me sorprendió porque fue algo muy sencillo… Para mí fue lo mejor de lo mejor”.

Periodista especializada en LifeStyle y Gastronomía. Escribe en diferentes medios gráficos y digitales. #Foodie. En redes: @gcarpineta

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