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Agostina Di Stéfano, la argentina que cambió su vida y la de muchos chicos en India

Dedicación y amor sin fronteras

02/23/2018

Agostina Di Stéfano (35) es una mujer solidaria y emprendedora que se animó a viajar a Nueva Delhi (India) para ayudar a los demás junto a su pareja, un integrante de Médicos sin Fronteras. Allí, consiguió fundar una escuela para cuidar de más de 100 chicos y generar ingresos mediante un emprendimiento textil.

Las redes sociales fueron para ella una gran ayuda, ya que gracias a Instagram ( con su cuenta @bonaerense) y Facebook consiguió varias donaciones y recursos para abrir la escuela y luego para desarrollar el emprendimiento y enviar mercadería a la Argentina para comercializar.

¿Cómo comenzaste a trabajar con chicos en situación de vulnerabilidad?

En el 2007 empecé a trabajar en escuelas con ruralidad (en zonas complicadas, cerca de villas y asentamientos) como profesora de inglés. En mi caso, fue en Villa Fiorito e Ingeniero Budge.

Yo busqué específicamente esas escuelas para voluntariar porque lo que me interesaba era hacer trabajo social en aquel momento. Tenía un blog con sponsors, donde relataba lo que vivía día a día cuando trabajaba. Gracias a ese ingreso pude lograr que se les dieran clases y actividades especiales a los chicos, como origami, etc. Siempre me interesó mucho el bienestar de los chicos y hacía todo lo que estaba a mi alcance para ayudarlos.

¿Y cómo llegaste a la India?

Mi novio trabaja en Médicos sin fronteras y me propuso irnos en una misión. Así fue como surgió la posibilidad de ir a India.

Entonces, en julio del 2014, llegué a aquel país. Fue un choque muy duro. Cuando era chica viví en Montevideo y sufrí un poco de discriminación por ser argentina. Me sentía muy mal, cambié varias veces de escuela, me mudé mucho. Por eso es que siempre me identifiqué mucho con los chicos en India, y yo también trabajaba con jóvenes de nacionalidad boliviana y peruana. Aprendí Kechua para poder hablar con ellos. Lo mismo hice con el guaraní.

Cuando me mudé a India vi todos los casos que ya había visto en la Argentina pero multiplicados por mil. Allá, la gente no tiene manera de escapar de la realidad. Vivas donde vivas, salís a la calle y te encontrás con gente viviendo en la calle que no puede contar con el Estado, y está sola, con enfermedades causadas por la contaminación.

Allá vi a una nenita en un refugio donde viven más de 20 familias, que el estado les deja el permiso de habitar. Son como edificios altos, de tres pisos. Yo no me iba a quedar ahí pero me quedé por ella: estaba flaquísima, con la panza hinchada, llena de parásitos y no se podía mantener parada. Fui corriendo a la farmacia a conseguirle un antiparasitario. Volví a las dos semanas y la nena por suerte estaba mejor. Ella se llama Chena y ahora tenemos como un vínculo muy fuerte, hasta hoy.

Empecé a ir todos los días a ayudar a las personas, aunque no entendía el idioma. Hicimos un censo con una chica para empezar a conocerlos más y ver a qué grupos pertenecían, qué hacían, etc.

Fui conociendo a muchas tribus, y me topé con situaciones terribles: en varias familias había uno o dos chicos muertos o perdidos, o con muchas necesidades.

Empecé a ir todo los días como voluntaria y gastar todos mis ahorros en eso. A ver a niños enfermos, a llevarlos al hospital, etc.. Fue realmente algo muy intenso pero apasionante.

¿Cómo inició la idea de fundar una escuela?

Un día se me ocurrió llevar lápices de colores y vi que todos se entusiasmaron mucho, entonces pensé que ahí podíamos abrir una escuela, en un aula de la planta baja.

Nos juntamos con otra ONG (india), que aportó una maestra y nosotros pusimos un poco más de dinero y agregamos otra.

Los útiles escolares y cosas para la escuela los conseguimos por donaciones de la gente de Argentina que realizaban desde el país a través de Amazon. Todo esto sucedió en noviembre, 4 meses después de nuestra llegada.

Durante el 2015 la escuela estuvo funcionando y yo me encargaba, con muy poca plata porque no teníamos presupuesto para eso, de los casos médicos. Iba a los hospitales públicos. Llevaba a gente para operar y me encargaba de quienes estaban desnutridos, entre otras cosas. El 2015 fue un año durísimo. Vi mucha gente morir.

En 2016 nos mudamos porque ya habíamos conseguido sponsors en Instagram y con eso alquilamos un departamento para que la escuela estuviera afuera del refugio (porque allí no había baños, etc.).

Hoy en día la escuela tiene 120 niños que almuerzan ahí, hay dos turnos y muchos chicos van a la escuela formal también, es decir, avanzan. Tenemos niños de barrio.

La escuela la fui construyendo yo de cero junto con la ayuda de mucha gente pero principalmente gracias a que yo estaba siempre ahí. Para mí lo era todo, y lo fue durante tres años. El contrato de mi marido en el país se terminó a los dos años y yo le pedí por favor que lo extendiera para poder quedarnos. Él accedió, a pesar de que no le gustaba India.

¿Y cómo surgió el emprendimiento textil?

En 2016 nos donaron una máquina de coser y empezamos a producir bolsitos y a venderlos en Argentina. Los nenes estaban enloquecidos porque podían tener un trabajo, un ingreso propio, y esa mercadería se vendía re bien en nuestro país.

Pero entonces yo me tenía que ir. El año pasado, en junio, se terminó el contrato y tuve que dejar India, con todo el dolor del mundo. Yo me hubiera quedado pero ya mi pareja no quería hacerlo. Delhi estaba muy complicado por la polución.

Teníamos la posibilidad de ir a vivir a Barcelona o a Bali y yo elegí Bali (Indonesia) para poder estar un poco más cerca de los chicos que dejaba en India. De esa forma, podía viajar cada dos meses y seguir el proyecto con los sponsors. Habiendo gastado todos mis ahorros, era necesario generar ingresos propios y esa es la forma que encontré de poder producir y juntar dinero, tanto para la escuela como para mí.

Lo interesante de esto es que una se empodera. Para mí era imposible seguir trabajando para ayudar a los demás sin tener ingresos y esto me permitió de alguna manera seguir con mis proyectos de voluntariado y adquirir ganancias. Yo necesitaba a las chicas para crear los productos y ellas también me necesitaban a mí. Paralelamente, con la escuela se formó este grupo, esta familia. Algunas son mamás de los chicos, otras son las mismas maestras. Entre todas intentamos hacer que la escuela crezca cada vez más.

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